cervantes_en_plaza_espana_-_foto_franklin_valverde.jpgYa es un lugar común hablar de Don Quijote y su locura. Nadie ignora que la demencia fue el artificio inaugural para que Cervantes compusiera su trama. El narrador estaba en su derecho para declarar que alguien puede enloquecer de tanto leer. Si Cervantes sabía que esto no es posible, entonces Cervantes acometió una espléndida ironía; si no lo sabía, Cervantes cometió un error en su examen. Ya que nadie puede enfermar por la lectura, la insania consagrada a Don Quijote es anterior al diagnóstico cursado en la novela. Dicho de otro modo, Don Quijote ya delira cuando arriba a las novelas de caballería.

Estas no fueron más que un gatillo, como podrían haberlo sido otras circunstancias materiales. Pero esta lógica enervaría completamente su ficción.

Sin embargo, la realidad suele reproducir a la fábula. Hay quienes juzgan que las armas engendran los asesinatos, que la ignorancia procede de la televisión, que los juguetes bélicos ocasionan las riñas infantiles, que la virtud humana se origina en dios.

A cada día se escribe de manera ocasional y trillada el artificio perpetuo que tuvo que emplear Cervantes.

 

Foto: Franklin Valverde (Cervantes, Don Quijote y Sancho Panza en Plaza España – Madrid)